martes, 22 de febrero de 2011

 
 
Dora Damage sabe que está en la miseria, atrapada en el Londres victoriano entre la enfermedad de su marido, Peter, incapaz de sacar adelante la pequeña imprenta familia. La presencia de su hija Lucinda hará que Dora decida encargarse de la vieja imprenta. Perseguida por los prestamistas, Dora recorre las librerías hasta que encuentra al señor Diprose y sus ediciones pornográficas –El Decámeron, Fanny Hill, o memorias de una mujer de placer, El Ars Amatoria de Ovidio–, cuyos encargos debe realizar en el más absoluto secreto, encuadernándolas con todo lujo y filigranas, destinadas a una enigmática y acaudalada sociedad denominada los Nobles Salvajes. Hasta que ejemplar a ejemplar, Dora va conociendo que aquellos nobles forman un club basado en compartir el conocimiento de la crueldad y de algo aún más tenebroso. Dora comenzará a darse cuenta de que ha penetrado en el seno de una obsesión de sexo, placer y muerte a la que tendrá que hacer frente si no quiere convertirse en una piel reseca más entre sus manos.
 
 
OPINIÓN
Demostración, clara e indiscutible, de la lucha de las mujeres en el Londres de mediados del XIX, así como de la esclavitud en Estados Unidos, en la misma época. Un libro muy bien ambientado, que te toca el corazón, que sientes lo que Dora siente, incluso el miedo que ella padece por adelantarse a su tiempo y encuadernar pornografía en una época en la que las mujeres no trabajaban. Muy buen libro y muy recomendable.
Lástima que la autora, Belinda Starling, enfermó y falleció poco después de terminar esta obra, que fue la primera y la última. Si la vida le hubiese regalado más tiempo, podríamos haber disfrutado mucho más de su gran talento para la escritura.
 
 
Vista: Ivy Street
Gusto: Leche agria y pan seco
Oído: Los caballos tirando de carros por las calles de Londres
Olfato: Las curtidurías de piel
Tacto: El papel holandés


 
Sabe a vino: Ferrer de Muntpalau
 
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