sábado, 5 de abril de 2014

Lomopardo 2012 - Compañía de Viñedos Iberian

http://www.vinosiberian.com/

Bodega: Viñedos de Lomopardo

Variedades:100% MENCÍA

Localización: Finca Valdetruchas. Cacabelos. Leon. D.O. Bierzo

Contenido Alcohol:13,5º

Fermentación:Durante 10 Días a Temperatura de 25ºC

Tiempo de maceración:8 Días con sus ollejos

Envejecimiento: 6 Meses en Barricas nuevas y de un año de Roble Francés 








 

Nota de cata

Vino de color rojo picota y capa alta. Nariz franca con notas de frutas del bosque maduras sobre sensaciones especiadas y tostadas del paso por barrica. Hay aromas minerales y terrosos, con sensaciones de tabaco, balsámicos y mina de lápiz. En boca es amplio, frutal con muy buen paso y recorrido, acompañado de una correcta acidez que lo hace fresco y muy agradable hasta un postgusto duradero y frutal. Retronasal intensa y elegante, con los aromas típicos de la Mencía. 

Cómo lo siento yo 

Este vino es un hombre. Me ha despertado una sensación muy exacta; es como si se acercase inesperadamente un caballero a tu mesa y te dijese el piropo más gentil e intencionado que jamás hayas esperado recibir.
Es un hombre castellano de patillas anchas pero perfectamente recortadas, de aspecto muy cuidado, de ojos simples pero mirada intensa, no llama la atención si él no lo desea. Fuma cigarrillos, y no conoce la timidez, aunque a veces juegue a ser tímido.
Es intensidad al primer contacto, pero después esa intensidad baja, aunque sigue en tu paladar el recuerdo de la entrada fuerte y masculina. El beso es tierno y entregado, un fondo avainillado y tostado muy sutil que sientes en un ínfimo instante, como ese segundo antes del primer beso que recibirás de sus labios, tan sutil que casi crees que no lo has sentido. Su acidez es misterio, ese secreto que todos guardamos y no queremos que jamás sea descubierto. El final en boca es romanticismo. La bandeja de plata donde te lleva el caballero, ese ceder el paso al entrar para atraparte una vez él ha entrado tras de tí.
Cuando se acaba la copa te queda el recuerdo de la historia de amor que nunca fue, esa historia en la que fuiste la protagonista mientras duró. Esa pequeña cicatriz en la memoria que a veces pica y se calma con la fricción de una sonrisita maliciosa.
 

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